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martes, 27 de abril de 2010

El piloto que cayó desde su avión... y mientras caía, volvió a subirse en él (1917)

Hasta 1918 los pilotos de combate alemanes y aliados de la Primera Guerra Mundial no comenzaron a llevar paracaídas en sus aparatos.

Por un lado, muchos de estos pilotos eran jóvenes temerarios que se negaban a usarlos por temor a ser considerados cobardes. Y por otro lado, los altos mandos también opinaban que utilizarlos era una mala idea, porque con ello se menoscababa el espíritu de lucha.

Ante esta situación, fueron muchos los pilotos que perdieron la vida por no usar paracaídas.

Pero también se cuentan sorprendentes casos de pilotos que se vieron arrojados fuera de su avión en pleno vuelo y que, también en pleno vuelo, lograron volver a subir en él.

Hoy traigo a la Aldea Irreductible dos de estos extraordinarios casos... tan increíbles como posibles.

1.- Grahame Donald y el extraño rizo

En el libro “On a Wing and a Prayer”, de Joshua Levine se relata el asombroso caso del el piloto escocés de la RAF Grahame Donald.

Una tarde de verano en 1917, Grahame pilotaba a una altura de 6.000 pies su Sopwith Camel. 


En una brusca maniobra, Grahame puso el avión boca abajo (B), con tan mala fortuna que en ese instante se le rompió la correa de seguridad, precipitándose al vacío...

Pero mientras Grahame caía, el avión también comenzó a descender y, extrañamente, completó un amplio rizo o “loop” (C).

En una entrevista concedida 55 años más tarde Grahame explicó:

Los primeros 2.000 pies pasan muy rápido. Mientras caía empecé a oír mi pequeño y fiel Sopwith Camel en algún lugar cercano. De repente caí de nuevo en él

Efectivamente, el piloto cayó sobre el ala superior del avión, a la que se agarró con ambas manos. Después consiguió enganchar un pie en la cabina de mando hasta que consiguió entrar en ella y hacerse con el control del aparato.

Grahame Donald, ya como comandante de la RAF, también combatió en la Segunda Guerra Mundial.

 
2.- Colgado de la ametralladora

El piloto británico Louis Strange volaba en un Martinsyde S1 con una ametralladora Lewis montada en el ala superior.

El 10 de mayo de 1915, en pleno combate, la ametralladora se quedó sin munición.

Strange se desató el arnés y se puso de pie para cambiar el tambor y recargar el arma, sujetando por un momento los mandos del aparato con sus rodillas.


El Martynside de nuestro piloto. La ametralladora Lewis se montaba en el ala superior


En esto que el avión pierde súbitamente el control y se da la vuelta, dejando a Strange colgado de la ametralladora que estaba tratando de recargar.

El piloto comenzó a patalear hasta que consiguió enganchar un pie en la cabina... y después el otro, logrando tras varios agónicos minutos volver a meterse en ella para intentar tomar de nuevo el control del avión.

El panel de control y el asiento estaban destrozados a causa de las patadas y esfuerzos por volver a entrar en la cabina.

Tan solo a unos pocos cientos de metros del suelo logró enderezar el avión.

Sorprendentemente, tras el susto y nada más regresar a la base, lo primero con lo que se encontró fue con la reprimenda de sus compañeros, que le criticaron por “provocar un daño innecesario al panel de instrumentos y al asiento del avión

Strange también participó como piloto de la RAF en la Segunda Guerra Mundial.

Fuente: http://aldea-irreductible.blogspot.com/2010/04/el-piloto-que-cayo-desde-su-avion-y.html

viernes, 5 de marzo de 2010

Confirmado: El asesino fue el meteorito

Por fin podremos dormir tranquilos cuando pensemos en la causa probable de la extinción de los dinosaurios. Un nutrido grupo de científicos ha corroborado la teoría de que el culpable de matar a millones de reptiles prehistóricos fue un enorme meteorito que impactó en una zona de México y que arruinó toda forma de vida que tuviera aspecto de lagarto. Si queréis tener razón en los debates, ya sabéis lo que hay que decir.

La comunidad científica lleva tiempo tratando de consolidar una teoría que explique la desaparición masivas de los dinosaurios hace millones de años. Ya en los años 80 se realizaron los primeros estudios sobre la hipótesis de que un meteorito de grandes dimensiones se había estrellado contra la Tierra hace 65 millones de años, y había afectado a cerca del 70% de las especies animales y vegetales del planeta. En 1991 se descubre un gigantesco cráter de más de 200 kilómetros de diámetro en la península del Yucatán (México). Se le llamó el cráter de Chicxulub y con esta evidencia la teoría del bólido catastrófico adquiría el rango de principal. Sin embargo, había científicos críticos con esta postura y afirmaban que la verdadera causa del cataclismo prehistórico fue el vulcanismo masivo que produjeron las trampas de Deccan (India) que sucedió por esa época.

Sin embargo, un grupo de científicos, en el que han participado 41 expertos de Estados Unidos, México, Canadá, Japón y Europa, entre ellos Laia Alegret, Ignacio Arenillas y José Antonio Arz, tres investigadores del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón, ha concluido que la causa verdadera de la extinción hay que achacársela definitivamente al asteroide gigante de unos 10 kilómetros de diámetro, que cayó sobre la superficie terrestre a 25 kilómetros por segundo y convirtió al planeta en un infierno imposible para la vida de los dinosaurios.
Los defensores de la teoría del vulcanismo masivo de Deccan se basan en el análisis de los sedimentos depositados alrededor del Golfo de México, donde se observan acumulaciones de diminutas gotas de material fundido (microtectitas) que fueron expulsadas tras el impacto de Chicxulub. Según estos autores, la edad de los foraminíferos indica que las microtectitas de Chicxulub se depositaron unos 300.000 años antes, demasiado pronto como para que el impacto sea la principal causa de la extinción.



Los expertos españoles contradicen esta datación y se han encargado de relacionar correctamente los tiempos y los sucesos, hasta llegar a la conclusión de que la teoría del asteroide asesino es realmente la que describe la desaparición de los dinosaurios. “El estudio de los foraminíferos nos ha permitido correlacionar el impacto de Chicxulub y la extinción en masa del límite K-T(Cretácico-Terciario). Hemos corroborado que su extinción fue catastrófica, es decir, acontecida en un intervalo de tiempo geológicamente instantáneo (1 o 2 años), y que por tanto sólo es explicable por la teoría impactista”, señala Arenillas, uno de los autores españoles e investigador en el Departamento de Ciencias de la Tierra (Paleontología) de la Universidad de Zaragoza.
El impacto del bólido estelar equivale a la detonación de 1 millón de bombas atómicas y los efectos en el planeta llegaron a ser devastadores: terremotos con grados superiores a 10 en la escala Richter, el colapso de plataformas continentales, deslizamientos de tierra salvajes, movimientos en masa y tsunamis gigantes. A ello se le unió un drástico cambio del clima sumado a una letal lluvia ácida que regó la Tierra y la sumió en la oscuridad hasta hacerla inhabitable para los grandes reptiles que resistieron la primera oleada de catástrofes. El infierno que llegó del cielo, gran paradoja.
En resumen, la teoría del vulcanismo de Deccan es derrocada y la del asteroide se convierte en la definitiva. El 99 % de los científicos cree ahora que un asteroide gigante fue el motivo de la extinción de los grandes reptiles. Ya lo sabes.

Fuente: http://www.neoteo.com/confirmado-el-asesino-fue-el-meteorito.neo

miércoles, 19 de agosto de 2009

Cuestión de tamaño

Mira tú por donde, acaban de descubrir que los dinosaurios no eran tan grandes como se pensaba. Llevamos toda la vida creyendo que los grandes dinosaurios pesaban como montañas y se alzaban sobre las nubes como rascacielos, sin embargo, la ciencia se supera a si misma, verificando que, en realidad, medían bastante menos de lo anunciado. Ya te puede pisar tranquilamente un brontosauro.

La fama de los dinosaurios ha traspasado fronteras y se ha consolidado en el imaginario popular seguramente por lo mítico que representan sus desaforados tamaños. El cine se ha encargado de rematar esa idea fantástica de colosales monstruos, arrasando edificios enteros y paseándose por las ciudades como si sus construcciones fueran miniaturas. Pero la ciencia, siempre inquieta y dispuesta a rebatirse a ella misma, acaba de impresionar al mundo con un nuevo hallazgo que ha puesto patas arriba a la comunidad de paleontólogos.

Un modesto estudio publicado hoy en la revista británica Journal of Zoology ha pulverizado el mito de los grandes dinosaurios. Según explica uno de sus autores, Gary Packard, de la Universidad Estatal de Colorado (EEUU), hay un sesgo en el modelo estadístico que los paleontólogos han utilizado en los últimos 25 años para medir el peso de animales gigantes extinguidos. En realidad, los dinosaurios medían la mitad de lo que se llevaba creyendo hasta ahora ¿Cómo se te ha quedado el cuerpo?. Pues si fueras un brontosauro, justamente al 50 % de tu peso. En vez de 35 toneladas como se decía, a la hora de la verdad, “sólo” pesarías 18 toneladas.

¿Cómo hemos estado tanto tiempo equivocados? La explicación se encuentra en la manera que tienen los paleontólogos de reconstruir los cuerpos de los animales a partir de fragmentos aislados del cuerpo, como el fémur, la pelvis, o las vértebras. La técnica utilizada hasta ahora había sido la escala de proporción lineal. Por hacer un símil sencillo, imaginad un edificio que se sostiene mediante columnas. Cuanto más grande se hace la construcción, más grandes se necesitan las estructuras para soportar el peso añadido. Siempre contando con que el material y la forma de las columnas sea idéntica, como sucede con los huesos de los animales. De esta forma, los científicos habían extendido la idea a la reconstrucción de los dinosaurios empleando la escala de proporción de la anatomía de los grandes mamíferos actuales.



Sin embargo, la escala usada por los científicos no debería ser lineal, como han demostrado los potentes ordenadores actuales. "El problema con la técnica empleada hasta para desarrollar una ecuación predictiva es que tiene un sesgo. Tiene que ver con la técnica (transformación logarítmica de datos) utilizada para establecer una relación lineal", explica Geoffrey F. Birchard, del Departmento de Ciencias Ambientales de la Universidad George Mason (Virginia, EEUU), y uno de los autores del estudio.

Según Birchard, la técnica tradicional fue concebida en un momento en el que los ordenadores no tenían la potencia suficiente para enfrentarse a datos no lineales. "La transformación logarítmica altera profundamente la relación entre las variables de predicción y de respuesta", escriben los autores en su estudio. La ecuación, pues, había sido demasiado simplificada hasta ahora, al ser lineal. Este sesgo tiende a sobreestimar significativamente el peso de los grandes dinosaurios estudiados. El error se amplifica cuanto mayor es el tamaño en juego. Por lo tanto, es fácilmente deducible, dicen los investigadores, que los grandes reptiles no eran tan grandes, después de todo.

Eso tampoco quiere decir que los dinosaurios fueran pequeños, ni mucho menos. De hecho, investigadores de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis han comparado las características morfológicas de un diente de Allosauroidea hallado en un yacimiento de Riodeva (Teruel) con otros similares y concluyen que es el mayor diente de dinosaurio carnívoro encontrado hasta ahora en España. La morfología y el tamaño del diente de 9,83 centímetros aportan claves esenciales para identificar al dueño del maxilar dentario. Se trata de un gran dinosaurio carnívoro depredador (terópodo) del clado (una de las ramas del árbol filogenético) Allosauroidea, grupo que incluye a grandes dinosaurios carnívoros que podían medir de 6 a 15 metros. Ese bicho te hinca el diente y no sales andando del lugar.
Vaya sorpresa este error!!!
Fuente: www.neoteo.com